martes, 27 de marzo de 2018

Diario de la 10ª clase práctica PA2, 27/3/2018, ACOSO ESCOLAR, realizado por ALBA NIETO

En la clase práctica de hoy un grupo de compañeras hizo su exposición sobre el acoso escolar. Nada más empezar repartieron dos noticias: “Mi hija de siete años se quiere suicidar” y Alejandro, un niño de 12 años que ya no tiene ganas de vivir. 

El trabajo estaba estructurado de la siguiente forma: introducción, conceptualización de bullying, Rosario Ortega, tipos de acoso y consecuencias, ACAE, KIVA, TEI, casos de suicidios por acoso escolar, cuentos y una recomendación de una película que trata el acoso escolar. 

INTRODUCCIÓN Para comenzar la presentación nos mostraron un vídeo, llamado punto de no retorno en el que se veía a un profesor diciendo que van a corregir, entre todos, unos ejercicios. Va preguntando a los niños y niñas cual es la respuesta a los deberes y, cuando un niño le contesta la correcta los demás dicen comentarios malos hacia él. Además, el profesor no hace nada al respecto, sino que continua con la clase. 

CONCEPTUALIZACIÓN DEL BULLYING Destaca Dan Olweus, que fue la primera persona que utilizó la palabra “bullying”. En España no fue hasta 2004 cuando se vio que realmente era un problema social con el suicidio de un niño. Hay distintas definiciones del término “bullying”. 

ROSARIO ORTEGA Licenciada en psicología en la Universidad de Barcelona. Es miembro de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia. Escribió un artículo: “Agresividad injustificada entre preescolares”, consistía en un experimento en el que los niños y niñas se nombrasen a sí mismos o a sus compañeros y compañeras como agresores o como agredidos.

 TIPOS DE ACOSO 
-Acoso verbal: suele detectarlo solamente la víctima. -Acoso físico: mediante golpes, robos… 
-Acoso psicológico: el más difícil de detectar pues se hace a espaldas de los demás. 
-Acoso social: consiste en un aislamiento. 
-Ciberbullying: tiene un riesgo constante de agresión pues puede ocurrir dentro y fuera del aula. 

CONSECUENCIAS DEL ACOSO -Físicas: ansiedad, estrés, dolores de cabeza o estómago, disturbios del sueño, pérdida del apetito… -Emocionales: abandono escolar y rechazo a la escuela, trastornos emocionales, actitudes pasivas, baja autoestima y, en ocasiones, SUICIDIO (no sucede en Educación Infantil). 

ACAE (Asociación Contra el Acoso Escolar) Es una asociación asturiana formado por familias de niños y niñas que sufrieron acoso. Se acude a la ACAE para saber qué pasos seguir y cómo actuar ante el acoso. La ayuda por parte de la asociación se lleva a cabo por teléfono y a través de Facebook. 

KIVA Es un programa basado en evidencias que trata de prevenir el acoso escolar y atajar su incidencia de manera efectiva. Está formado por tres profesores. Sus pilares fundamentales son: -La prevención. -La intervención. -La supervisión. Sus rasgos fundamentales son: -La clase. -Los profesores, que actúan de forma inmediata y no dejan que los niños y niñas resuelvan el problema por sí solos. -La víctima, que tiene apoyo constante. -El acosador, que con este programa dejan de ser “guais”. -Los padres, que siempre están informados a través de charlas. 

TEI (Tutoría Entre Iguales) Realizaron una entrevista a Natalia Millán para que les explicase más acerca de la Tutoría Entre Iguales. Es una estrategia educativa para disminuir el acoso y la violencia dentro de los centros educativos tanto de primaria como de secundaria. Los siete pasos del TEI, secuenciación del proceso de implementación: -Aprobación de la aplicación del TEI por parte del claustro o del consejo escolar. -Formación del profesorado. -Formación inicial del alumnado. -Asignación de parejas. -Formación permanente de tutores y tutorizados. -Evaluación del final del programa. -Memoria y propuesta de mejora. 

CASOS DE SUICIDIOS POR ACOSO ESCOLAR -El caso de Jokin: tras haber sufrido acoso por parte de sus compañeros y compañeras de clase se suicidó a los 14 años de edad. -El caso de Carla: se suicidó a los 14 años tras haber sufrido acoso escolar en el Colegio Santo Ángel de Gijón. 

CUENTOS PARA PODER EXPLICAR EL TEMA DEL ACOSO PARA NIÑOS DE EDUCACIÓN INFANTIL -“Rosa caramelo”. -“Arturo y Clementina”. -“Trompetita, una elefantita de mucho peso”. 

RECOMENDACIÓN DE UNA PELÍCULA QUE TRATA SOBRE EL ACOSO ESCOLAR Wonder (2017).

Diario de la 18ª clase teórica, 27/3/2018, ACOSO ESOLAR, realizado por IRENE MENÉNDEZ

En la clase de teorías del 27 de febrero se presentó un trabajo sobre acoso escolar.
Las integrantes del grupo hablaron del concepto de acoso, lo definieron como situaciones en las que algún o algunos alumnos persiguen e intimidan a otra persona a través de insultos, amenazas, vejaciones, amenazas físicas… también hablaron de sus consecuencias, las cuales son devastadoras en las víctimas aumentando la ansiedad o descendiendo su autoestima.
Hay diferentes tipos de acoso en Educación infantil: maltrato verbal (amenazas o insultos), físico ( puede ser de forma directa: palizas o agresiones, también puede darse de forma indirecta: robar) o psicológico y aislamiento social (no dirigir la palabra).
El maltratado se siente solo, sin confianza en sí mismo, con miedo a ir al colegio y con una baja autoestima.
En cuanto a la prevención del acoso escolar hay que mejorar el clima de convivencia de los centros trabajando en un marco global.
El primer paso del protocolo será comunicar la situación de acoso escolar al centro, se pueden adoptar medidas como la tutoría individualizada o un cambio de grupo. En lo referente al maltratador debe pedir perdón.
También hablaron del TEI.
Es una estrategia educativa que forma a las familias, a los alumnos y a los profesores. Con este programa algunos alumnos se convierten en los profesores de otros compañeros. Fue ideado en 2002 y ha sido utilizado con millones de personas.
Al inicio del curso se crea un grupo de trabajo con el profesorado que quiere participar, en dicho curso se incluyen actividades de autoestima y autoconocimiento.
Los objetivos que se pretenden conseguir son los siguientes: aumentar la autoestima, frenar el desequilibrio entre victima y agresor, frenar los casos de violencia detectados y evitar algunos otros casos.
Hay que romper la cadena de silencio para así conocer los casos y también se debe dejar al acosador sin público ni aplausos, hay que poner límites.
El TEI intenta crear lazos de solidaridad entre los alumnos. Se ha implantado en más de 500 centros y se ha formado a mas de 16000 profesores y a 400000 alumnos. Es voluntario pero han aceptado participar el 94% de ellos.
Ha llegado a Gijón en 2014 y se ha invertido en él un presupuesto de 33000 euros.
Se aplica en primaria, este método resuelve el 60% de los casos. Un dato impactante y que no todo el mundo sabe es que en Asturias el acoso afecta a 1 de cada 4 jóvenes.
Algunos de los efectos que produce el acoso en los niños son los citados a continuación: piensan que ir al colegio es estar en una cárcel, miran hacia abajo y tienen un gran sentimiento de culpa.
Algunas medidas adoptadas para prevenir el acoso escolar son:
Cyber acompañantes:
Silla-boca, boca-silla: los que tienen el problema se sienta con los compañeros y todos hablan sobre su punto de vista.
Negociadores de patio: en primaria, lo utilizan los de 5 y 6. Es un antecedente del TEI en muchos colegios.
CASO DE CARLA.
Una niña en Gijón del colegio Santo Ángel se suicida después de haber sufrido acoso escolar. Varias personas se metían con ella pero 2 eran las cabecillas del grupo. La madre de Carla asegura que el colegio no hizo nada al respecto, estando al tanto de lo que ocurría y la directora del centro desmiente esto afirmando que no sabía nada de lo que estaba pasando con la niña.
La niña había hablado con su hermana acerca de lo que le estaba pasando y le pidió que la acompañara al colegio por la mañana y que la fuera a buscar a la salida de las clases.
La denuncia impuesta por la madre de la niña repercutió en las acosadoras con 4 meses de tareas educativas.
La asociación contra el acoso escolar afirma que en este colegio hay muchos más casos y a raíz del caso de Carla muchos niños dijeron lo que les estaba pasando.
ACAE.
A los niños y niñas autistas se les tacha de violentos y no es así, si se comportan agresivamente es porque se sienten mal con ellos mismos y no es porque se sientan mal contra otra persona.
Hay que luchar por tratar a la gente como personas y no como enfermos. El acoso escolar genera muchas denuncias
EL CASO JOKIN.
No fue el primer caso de acoso en España, pero sí el primero mediático.
Tenía un problema intestinal, tuvo que ir al baño y se rieron de él. A la vuelta de las vacaciones se burlaron otra vez de él tirándole papel higiénico para reírse de su problema intestinal y la profesora le obligó a recoger el papel a Jokin y no hizo nada al respecto
Los padres del niño decidieron poner una denuncia pero el centro los convenció de que no lo hicieran y mientras realizaban una reunión el niño se suicidó arrojándose al vacío.
JAVIER URRA.
Defensor del pueblo que habla sobre bullying en una entrevista.
Dice que para un adolescente el grupo de amigos es esencial ya que es con los que tiene confianza, incluso más que con la familia.
Afecta a un 3% de los chicos.
Afirma que los otros niños apoyan al agresor para evitar que les suceda a ellos lo mismo que a la víctima.
El maltratador usa el acoso para sentirse satisfecho.
A las victimas hay que darles herramientas para salir adelante pero los adultos no sabemos el daño que se les causa.
GIJON PLANTA CARA AL ACOSO.
La Fundación Municipal de Servicios sociales ha decidido dar un paso más y entrar de lleno en la lucha contra la violencia y el acoso escolar.
El 80% de los casos de acoso escolar en Asturias se localiza en centros concertados. Esta noticia de prensa del día 1 de diciembre de 2013. Esto fue dicho por Encarna García.
Pero en la realidad no se puede hablar de porcentajes.
El principado de Asturias investiga si el colegio cumplió con el protocolo contra el acoso escolar, ya que “todos los colegios están obligados a poner en marcha los mecanismos cuando se detecta el más mínimo indicio de acoso escolar”.
Una prueba determinante es mirar en las redes sociales del acosado, ya que así se puede ver todo lo que se le hacia o decía al niño.


Diario de la 17ª clase teórica, 26/3/2018, ACOSO ESCOLAR, realizado por JUAN MALDONADO

Hoy nuestras compañeras nos expusieron el trabajo de acoso en la escuela, comenzaron definiéndonos lo que es el acoso ‘conducta de hostigamiento que genera o causa incomodidad en la victima. ´Dan Olweus es procedente de Suecia y fue la primera persona que elaboro la primera investigación de intimidación sistemática y tras esto propone la promulgación de una ley contra el acoso escolar. 
Según la consejería de Educación, Cultura y Deporte del gobierno del Principado de Asturias el acoso tiene siempre estos requisitos: -Deseo de infligir daño, dirigido a alguien indefenso. -Deseo materializado en una acción. -Alguien resulta dañado -Carece de justificación -Tiene lugar de modo reiterado. 
El acosador, por un lado, tiene la necesidad de dominar y controlar a los demás, habitualmente tiene un temperamento bastante impulsivo y explosivo. Suelen disfrutar cuando acosan o ejercen violencia, normalmente tienen falta de empatía. No tienen autocritica y no soportan la frustración, son manipuladores y también desafían las normas. 
Hay dos tipos de agresores, por un lado, está el agresor puro: aquel que es agresor sin tener ningún motivo, y el agresor agredido, que es aquel que se convierte en agresor porque anteriormente fue agredido y no quiere volver a pasar por ello. El agresor pasivo es aquel que apoya al agresor en la acción que está realizando. Por otro lado, el acosado puede ser cualquier persona y lo mantienen en silencio por diferentes causas: no son conscientes, tienen vergüenza, creencia de que merecen ser tratados así, creencias de que nadie les va a creer. 
En la escuela se dan diferentes tipos de Bullying: -bullying verbal: palabras crueles, insultos, amenazas, intimidación, bromas frecuentes y frases excluyentes -bullying físico: comportamiento agresivo o violento por parte del acosador, patadas, golpes, zancadillas, bloqueos y empujones. -bullying social o relacional: suele suceder a espaldas de la víctima, el objetivo es que el acosado no forme parte de ningún grupo y pretenden excluir al acosado o la acosad. -cyberbullying: fenómeno nacido por el auge de las redes sociales, falsos rumores, mentiras, amenazas, comentarios sexistas o racistas… -bullying carnal: acosador presiona al acusado para realizar actividades intimas, comentarios obscenos y machistas Las principales causas de que se produzca acoso son: la baja autoestima del acosador, padres y madres agresivos, ausencia de reglas de convivencia (respeto, pedir permiso, pedir perdón…) Por otro lado, el acosado sufre una serie de consecuencias: efectos psicológicos negativos permanecen durante 40 años aproximadamente, peores indicadores de salud mental y física y peor desempeño cognitivo. Estrés, ansiedad y depresión, somatizaciones, suicidio, problemas de socialización y en el futuro laboral. En los pequeños, el acoso causa en ellos que no cuenten lo que realmente pasa en el colegio. Los cursos en los que mas problemas hay es sobre todo en sexto de primaria que es donde empieza a haber bullying y en secundaria, donde el acoso va a ser mucho más reiterado. 
¿Dónde puede producirse? Se pueden producir mediante diferentes fuentes: internet, centro escolar (baños, patio de la escuela, pasillo…) La escuela tiene un papel principal en la prevención de estos hechos: 1. Los centros educativos deben contar con un protocolo de intervención, para saber como actuar ante esta problemática. 2. Mantener abiertos canales de comunicación entre los padres y el colegio. 3. Es obligación de cada docente y funcionario administrativo de la institución, conocer el fenómeno, saber de que se trata y diferenciarlo de otros conflictos 4. La disciplina que se mantenga en el salón y la escuela en general es fundamental para la construcción de una buena conducta 5. Establecer mecanismos para atender las quejas de los niños y los jóvenes 
Las pautas que seguir a la hora de intervenir son: reconocer el problema, involucrar a los estudiantes, convertir a estudiantes pasivos en activos, promueve la tolerancia y la inclusión y prestar atención a los agresores. El protocolo que se debe seguir a la hora de que se produzca el acoso es diferente dependiendo de donde se halla realizado la denuncia: centro escolar, Servicio de Inspección Educativa, Fiscalía de menores. Además, el acoso tiene las siguientes características - Los chicos suelen hacer un acoso más físico - Las chicas un acoso psicológico - Los roles victima-agresor están cambiando - Mayor numero de casos de acoso y violencia - Cyberbullyng (componente sexual) Elementos presentes en el acoso: - Intencionalidad de dañar - Desequilibrio de poder - Repetición o reiteración 
TODO ACOSO ES VIOLENCIA, PERO NO TODA VIOLENCIA ES ACOSO Tras la parte teórica, hubo una mas practica en la que nos mostraron los diferentes campañas publicitarias que hay en contra del acoso y por ultimo elaboraron una campaña y nos la mostraron al resto de la clase


viernes, 23 de marzo de 2018

La revolución educativa será por amor o no será

Una palabra maldita
Cuando era adolescente discutí con una compañera de clase. Ella trataba de convencerme de que no había razones para preocuparse por el agujero de la capa de ozono. No había –y esto era lo que a mí más me irritaba– razones para el compromiso. No había necesidad de cambiar, no había necesidad de cuidar. Antes de que nos afectara a nosotras –me decía– los científicos le encontrarían arreglo. La tecnología, seguro, nos iba a sacar del entuerto. 

Aquella conversación me vino a la mente casi treinta años después, al leer Mal de escuela, un libro sobre todo honesto en el que Daniel Pennac narra sus días de estudiante y su experiencia como profesor: «Entre maestros está mal visto hablar de amor», recuerda. «Intentadlo y veréis, es como mencionar la soga en casa del ahorcado».Y qué razón tiene: basta con detenerse un poco a ojear las noticias y artículos relacionados con educación para darse cuenta de que el amor pincha poco y corta menos en esto de la «innovación educativa». Da igual lo profundo que sea el hoyo en que está metido nuestro sistema educativo, lo único que al parecer nos sacará del entuerto –esta vez también– son las competencias digitales, el flipped classroom, el desarrollo del talento y el ABP.

No es la primera vez que la tecnología –ese nuevo dios de una sociedad mecanizada– suplanta al amor en las vidas de los niños. En Europa y Estados Unidos, durante el periodo de entreguerras, muchos bebés recién nacidos terminaban en orfanatos e instituciones benéficas. Casi todos morían en su primer año, por causas que se atribuyeron primero a la malnutrición y más tarde a las infecciones. En los hospitales y orfanatos se implementaron entonces medidas higiénicas para evitar contagios, entre ellas la de aislar a los niños en cubículos y no tocarlos más que lo estrictamente necesario. Pero a pesar de que su alimentación era buena y su higiene rigurosa, los bebés y niños seguían enfermando y muriendo. Un pediatra llamado Harry Bakwin, basándose en sus observaciones y su intuición, decidió cambiar estas prácticas. Sustituyó los letreros que solicitaban al personal sanitario que se lavara las manos antes de entrar en la planta infantil por indicaciones como esta: «No entre en la guardería sin tomar en brazos a un bebé». De inmediato, las tasas de infección comenzaron a bajar 1 .

Bakwin había sido capaz de empatizar con una necesidad profunda de los bebés y de los niños: la conexión emocional con otro ser humano expresada a través del contacto físico, de las caricias y las sonrisas. Algo que, en el caso de una criatura, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Ningún médico de aquella época hubiera imaginado siquiera que una situación de estrés crónico podría debilitar nuestro sistema inmunitario y conducir a la muerte 2 . Pero así era: en los orfanatos y los hospitales, los bebés, sin amor, morían de tristeza.

En ese entonces, los niños y niñas no tenían la consideración de «personas», y por eso no se creía que el trato que recibieran por parte de los adultos fuera determinante en su desarrollo. A mediados del siglo XX, la psicología aún giraba en torno a dos visiones enfrentadas: la teoría de los impulsos de Freud y el conductismo. Ninguna de ellas daba demasiada importancia a las relaciones humanas. Y fue en este contexto tan hostil en el que un psicólogo llamado Harry Harlow se propuso dejar bien claro lo importante que es el amor.

Harlow, en su laboratorio de primates de la Universidad de Wisconsin, estaba tratando de poner coto a las infecciones que diezmaban su comunidad de monos Rhesus. Llegó a una solución muy sencilla: aislar a los monitos en jaulas individuales de alambre desde recién nacidos. Pero se dio cuenta de que solo sobrevivían aquellas crías cuyas jaulas estaban recubiertas de una tela acolchada, una tela a la que los monitos se aferraban como si, literalmente, les fuera la vida en ello. 

Las crías de mono (seguramente igual que las humanas) preferían el calor y la suavidad al alimento. Es decir, preferían el amor. Y lo preferían porque sin ese «amor» enloquecían.

Entonces Harlow decidió diseñar un experimento que iba a revolucionar la psicología de las relaciones madre-cría. Construyó una muñeca de alambre del mismo tamaño que una hembra Rhesus, a la que le acopló un biberón con leche. Colocó estas «madres de alambre» en algunas de las jaulas, junto con una cría. En las demás jaulas colocó una muñeca de alambre forrada de tela acolchada, y sin biberón. Lo que pudieron ver Harlow y sus ayudantes habría sido inconcebible para muchos hasta ese momento: los bebés Rhesus que habían sido separados de su madre biológica preferían siempre (sobre todo cuando estaban asustados) la cercanía de la «madre» sustitutoria forrada de tela, aunque no les proporcionara alimento, frente a la «madre» que les suministraba leche pero estaba fabricada solo de alambre. Las crías de mono (seguramente igual que las humanas) preferían el calor y la suavidad al alimento. Es decir, preferían el amor. Y lo preferían porque sin ese «amor» enloquecían.

Cuando los pediatras de principios del siglo XX, como Harlow más tarde, quisieron hacer sobrevivir a los bebés aplicando a rajatabla una serie de principios científicos y técnicos fracasaron estrepitosamente. Fracasaron porque, sumidos en su «metodolatría»3, no alcanzaban a entender qué era lo que de verdad necesitaban esos niños y niñas. En aquel fracaso no puedo evitar ver reminiscencias de lo que está sucediendo hoy en nuestras escuelas, en donde las condiciones de control higiénico del aprendizaje (exámenes, horarios, asignaturas, deberes, burocracia...) son máximas, y sin embargo hay algo que se va apagando poco a poco hasta morir.

De amor, humor y aprendizaje
¿Qué pasaría si los planes de estudios dejaran de ser listados de conocimientos teóricos y estuvieran pensados para fomentar la experiencia de relacionarnos con otras personas, con las ideas y los objetos, con la naturaleza, desde una actitud de cuidado? Para Nel Noddings, una filósofa y educadora feminista que ha aplicado la ética del cuidado a la educación, las escuelas no han de entenderse como dispensadores de conocimiento e información, sino como lugares donde se dan las relaciones nutritivas que son necesarias para que se produzca el aprendizaje. Porque lo cierto es que esa actitud de cuidado, de atención, es esencial para desarrollar la curiosidad que nos impulsa a descubrir y entender el mundo que nos rodea. 

Nos demos cuenta de ello o no, la escuela transmite mucho más que conocimientos: transmite, aunque de forma invisible, una serie de valores y de actitudes que conforman las identidades individuales de los estudiantes y moldean su forma de pensar, de sentir y de actuar. Esas actitudes vitales no se aprenden de los libros de texto, sino en la relación con otras personas. Una relación que en la escuela no es libre sino que está mediada por las estructuras y dinámicas escolares, que por lo general favorecen el conformismo, la pasividad, la obediencia, la competitividad y el individualismo. 
Lo que aprendemos por medio de nuestras relaciones con otras personas, de manera vivencial, en un intercambio social y afectivo, permanece con nosotras de por vida.


Olvidamos muy pronto la mayor parte de la información que aprendimos mecánicamente, año tras año, en la escuela. En cambio, lo que aprendemos por medio de nuestras relaciones con otras personas, de manera vivencial, en un intercambio social y afectivo, permanece con nosotras de por vida. «El amor, o su ausencia, transforma la mente infantil para siempre», declaran los psiquiatras Lewis, Amini y Lannon recordando los experimentos de Harlow4. En la misma línea habla el neuropsicólogo Richard Davidson: «Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud». Si estamos dispuestas a asumir que existe una relación crucial entre el amor y el desarrollo cerebral, ¿cómo habrían de ser las relaciones en la escuela para favorecer esa actividad mental, pero también social, que es el aprendizaje? Meredith Small, una de las voces más destacadas de una nueva disciplina conocida como etnopediatría, no tiene dudas al respecto: «Lo que importa de verdad no es si un niño de tres años está aprendiendo los colores y a leer, sino ¿lo abraza su maestra?».

El amor deja una huella imborrable en los procesos cognitivos ya desde nuestras primeras experiencias afectivas, porque las conexiones neuronales se construyen en gran medida por medio de la interacción social, de la relación con otras personas. John Bowlby fue uno de los pioneros en investigar cómo el apego emocional entre una madre y su bebé puede afectar al comportamiento y la personalidad de un niño. Solo cuando un bebé ha desarrollado un vínculo afectivo seguro es capaz de invertir su atención en explorar y descubrir el entorno: cuando siente miedo, deja de explorar y regresa corriendo junto a su «figura de apego» (su madre, normalmente). En el momento en que su figura de apego se acerca a él o lo abraza, tranquilizándolo, la actividad exploratoria puede reanudarse5

Pero esto no le sucede solo a los bebés: en su libro Aprender en libertad, Peter Gray nos recuerda que la ansiedad y el estrés ponen coto a la creatividad y la búsqueda de soluciones alternativas, e inhiben el aprendizaje en niños y también en adultos. El distrés (el estrés que está asociado a la ansiedad y que nos resulta desagradable) tiene un efecto negativo sobre nuestra inteligencia emocional, sobre nuestras relaciones y nuestra capacidad para tomar decisiones. Nos vuelve idiotas. De ello es fácil deducir que el clima emocional en la escuela, y en el aula, tiene mucho que ver con la capacidad de los estudiantes para salir de su zona de confort: cuanto más seguros se sientan a nivel emocional, más firmes serán sus pasos en ese territorio desconocido y novedoso por el que discurre el aprendizaje.


Cuando los estudiantes perciben que su relación con el profesorado está basada en el respeto y el diálogo, sus resultados académicos mejoran6. Pero esta percepción, más que de unas prácticas pedagógicas predeterminadas, depende del propio docente: de su entusiasmo, de su cercanía emocional, de su capacidad para reconocer sus propios errores, de su confianza en los estudiantes, de su sentido del humor… 7. Algunos de estos rasgos, en realidad, se corresponden con un estado de ánimo «lúdico», un estado mental alerta y activo pero no estresado –el mismo que tenemos cuando nos sumergimos en el juego libre– que es el que más favorece el aprendizaje, como explica Peter Gray. ¿Podría ser que los estudiantes, sin saberlo, imiten la actitud lúdica del docente? ¿O es sencillamente que los profes que confían en sus alumnos logran a su vez que los chicos y chicas confíen en sí mismos y en sus capacidades? Quizá ambas cosas.

Las decisiones no se toman solo con la cabeza sino sobre todo con el corazón

Cómo nos vemos y cómo nos comportamos tiene mucho que ver con cómo nos ven y qué esperan de nosotras las demás personas. Ya en los bebés, un gesto de desaprobación de la madre puede desencadenar la producción de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol, que ponen fin a la secreción de las placenteras endorfinas. En los años sesenta, los psicólogos Rosenthal y Jacobson quisieron averiguar si las primeras impresiones que se hacen los docentes de sus estudiantes tienen algún efecto sobre el rendimiento posterior de los chicos. En su estudio descubrieron lo que se ha llamado el «efecto Pigmalión»: cuanto mayores eran las expectativas que el docente tenía de un estudiante –es decir, cuanto más confiaba en él o ella– mejores eran sus resultados. Como si se tratara de una «profecía autocumplida», los estudiantes se comportaban de acuerdo a esas expectativas. En los últimos años, este efecto misterioso se ha podido comprender mejor con el descubrimiento de las neuronas espejo (implicadas en el aprendizaje por imitación y en emociones como la empatía) y gracias a la teoría de la resonancia límbica, propuesta por Lewis, Amini y Lannon, que plantea que el sistema límbico de nuestro cerebro nos confiere a los mamíferos la capacidad de entrar en sintonía, de vibrar con el estado emocional de otro. Pero las emociones, además de ser contagiosas, son también el motor de nuestra conducta y pueden cambiar el rumbo de nuestra vida, porque las decisiones no se toman solo con la cabeza, sino sobre todo con el corazón8.


Albert Camus creció en un barrio obrero de Argel. Su padre había muerto cuando él tenía solo once meses, y su madre –pobre, sordomuda y analfabeta– tuvo que criarlo con la única ayuda de una abuela poco dada a sensiblerías. A simple vista nadie podría haber presagiado el brillante futuro que le esperaba a ese chico salido de los arrabales. Pero cuando a sus cuarenta y cuatro años recibió el Premio Nobel de Literatura, Camus escribió una carta. Era una carta de agradecimiento: «Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, no hubiera sucedido nada de esto». Dirigía estas palabras a Louis Germain, el maestro de escuela que tanto había confiado en él y le había ayudado a abrirse camino. La respuesta del Señor Germain fue humilde y llena de ternura: «El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y estas se presentan constantemente». 

La práctica del amor
Amar es prestar atención. Observar. Escuchar.
Como seguramente sabía Louis Germain, solo se puede amar lo que se conoce. Amar es prestar atención. Observar. Escuchar. Al atender a otra persona con todos nuestros sentidos, en nuestro cerebro se activan las mismas neuronas que en el suyo. Nos transformamos mutuamente. 

La filósofa Simone Weil consideraba la atención como un rasgo esencial del amor. «Cuando mi actitud es de cuidado, escucho, veo o siento de verdad lo que la otra persona intenta transmitirme», nos dice Noddings, para quien la receptividad y la atención son la base de una actitud de cuidado. El biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana añade: «Amar implica ver al otro, escuchar al otro o a la otra». Y esto tiene una implicación directa en la educación: «Amar educa. Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas y nos damos tiempo para estar allí con el niño o niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable que va a escoger desde sí. El poder escoger lo que se hace, el poder escoger si uno quiere lo que escogió o no, ¿quiero hacer lo que digo que quiero hacer?, ¿me gusta estar donde estoy?”, son algunas de las preguntas que aparecen»9.

Esas características de un espacio educativo que menciona Maturana se asemejan mucho a los tres rasgos que para Carl Rogers, uno de los creadores de la psicología humanista, conforman una relación de ayuda o de cuidado: la aceptación, la autenticidad y la empatía. Es el sentirnos aceptadas en una relación lo que nos da seguridad y nos permite descubrir y expresar todo nuestro potencial. Pero ¿qué significa «aceptar»? Aceptamos a los niños y niñas cuando los miramos sin juzgarlos, poniéndonos en su lugar desde la empatía, sin esperar que sean como querríamos que fueran, sin tratar de conducir ni condicionar su comportamiento a base de castigos y premios, de amenazas y chantajes. Pero para ello antes hemos tenido que aceptarnos a nosotras, tomar contacto con nuestras propias necesidades y ser capaces de entablar relación con los chicos y chicas desde la autenticidad, sin artificio, reconociendo y aceptando nuestras propias emociones, errores y contradicciones, sean cuales sean. Noddings recoge también este papel central de la aceptación (o «confirmación», como ella la llama) en el proceso educativo, e insiste en que para relacionarnos así con los estudiantes no podemos seguir una fórmula, una receta. La aceptación del otro necesita de la confianza, y la confianza surge solo en una relación continuada en el tiempo. Pero el tiempo es precisamente una de las cosas más importantes que nuestro sistema educativo escatima a estudiantes y docentes.

En un sistema directivo, con ratios en alza y que raciona el tiempo, los profesores no tienen oportunidad de establecer una relación duradera con los estudiantes y no llegan a conocerlos; no les queda más remedio que seguir un método, unas pautas preestablecidas que ahorren tiempo y den apariencia de eficiencia y control. El resultado es que, sin darse cuenta, el docente deshumaniza a los alumnos, porque las circunstancias particulares de estos y su individualidad se desdibujan, y no hay posibilidad de vincularse emocionalmente con ellos. «En la enseñanza y en la administración desarrollamos toda clase de procedimientos de evaluación, de manera que la persona vuelve a percibirse como un objeto. Creo que de esta manera nos impedimos a nosotras mismas experimentar el cuidado y la empatía que existiría si reconociéramos que es una relación entre dos personas», nos dice Rogers.

Hoy en día, a pesar de que la democratización del conocimiento esté haciendo mella en la autoridad del «experto», seguimos dando la espalda a nuestra intuición y a nuestras emociones, y preferimos muchas veces aferrarnos a un método que nos evite enfrentarnos a la inseguridad. Sin embargo, aplicar un método de forma sistemática, por muy buenas que sean nuestras intenciones, es caer en una trampa, como apunta Rogers: «Vemos indicios de esto en la actitud de algunos padres y madres sofisticados que saben que el afecto "es bueno" para su hijo. Este conocimiento a menudo les impide ser ellos mismos, actuar libremente, de forma espontánea... siendo cariñosos, o no». Y añade, como crítica al cientificismo: «Si sabemos todo acerca de cómo se produce el aprendizaje, usaremos ese conocimiento para manipular a la gente». Es decir, para controlarla. 

Esto es lo que ocurre, sin ir más lejos, cuando nos valemos del espíritu de juego de los niños para introducir los contenidos que prescribe el currículum y lo llamamos «aprender jugando», desvirtuando así el verdadero sentido del juego libre. O cuando utilizamos el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como una metodología que nos facilita la tarea de forzar el aprendizaje, en lugar de como una herramienta que nos ha de llevar a transformar las relaciones de poder en la escuela, y a devolver a los chicos y chicas la iniciativa y la capacidad crítica. 

Determinados medicamentos producen efectos secundarios iatrogénicos, efectos secundarios imprevistos e indeseados. En nuestras escuelas, ese efecto secundario no contemplado –que puede durar de por vida– es el rechazo, el odio incluso, hacia aquello que se nos ha obligado a aprender por la fuerza.

En este afán de control reside uno de los mayores problemas de nuestro sistema educativo. Las condiciones de control que impone el sistema en relación con el aprendizaje pretenden conducir a los niños y niñas por un camino prefijado hacia la adquisición de conocimientos. El sistema se convierte así en un «tratamiento» de aplicación masiva contra la supuesta ignorancia de los niños. Pero sabemos de sobra que determinados medicamentos producen efectos secundarios iatrogénicos, efectos secundarios imprevistos e indeseados. En nuestras escuelas, ese efecto secundario no contemplado –que puede durar de por vida– es el rechazo, el odio incluso, hacia aquello que se nos ha obligado a aprender por la fuerza.

Solo hay un antídoto contra el odio, y es el amor. Pero nadie puede obligarnos a amar, ni el amor se aprende por obligación. El amor solo puede ofrecerse desde la libertad y, como afirmaba Erich Fromm10, cuando amamos queremos la libertad del otro. Frente a la vorágine publicitaria que nos vende la libertad como garantía de felicidad, Rogers nos explica que una persona libre no equivale a una persona feliz: una persona libre será probablemente una persona creativa, abierta al mundo, pero no necesariamente «adaptada» a su cultura, «y desde luego no será conformista». Quizá la libertad, en realidad, haga a una persona más proclive a la infelicidad, a la indignación o la rabia ante la injusticia: «En determinadas situaciones sociales es posible que sea muy infeliz, pero seguirá avanzando para ser ella misma».

La infelicidad y el inconformismo son una respuesta saludable a un estado de cosas que sentimos la necesidad de cambiar, y este anhelo de hacer del mundo un lugar mejor entraña en el fondo un elemento de cuidado, de ternura: la revolución es en esencia un acto de amor11. En los países occidentales y occidentalizados nuestros hijos e hijas pasan la mayor parte de su infancia a cargo de profesionales que no pueden verlos, ni escucharlos, ni conocerlos. Los padres y madres tienen poco tiempo y poca paciencia. Están estresados, o no están. Y la escuela –ese «almacén de niños», como tan bien la describió Michael Ende en Momo– va cobrando un parecido siniestro con aquella madre de alambre en cuya compañía los monitos de Harlow languidecían. En las jaulas que llamamos aulas, algo seguirá muriendo poco a poco mientras no nos hagamos eco de la misma idea que Harlow proclamaba a los cuatro vientos: que la calidad de nuestras relaciones nos marca desde el primer hasta el último día de nuestras vidas. Y que solo recuperando y habitando esa palabra maldita, amor, conseguiremos de verdad transformar la educación.

Nota de la autora 

Con muchas dudas decidí hablar de los experimentos de Harry Harlow en este artículo. Experimentos que causaron un sufrimiento espantoso a decenas de animales indefensos. Sin embargo –y sin dejar de reivindicar un tratamiento ético para los animales de laboratorio en nuestros días– creo que para que ese sufrimiento no haya sido en vano es necesario que se conozcan estas investigaciones y que aprendamos todo lo que, desde una visión crítica pero informada, podemos aprender de ellas. 
Referencias:
1Becoming attached (1994), por Robert Karen.
2The Balance Within (2000), por Esther M. Sternberg.
3Expresión acuñada por la teóloga feminista Mary Daly.
4Una teoría general del amor, por Lewis, Amini y Lannon.
5Becoming attached (1994), por Robert Karen.
6Baker, Terry, Bridger y Winsor (1997), Pomeroy (1999).
8El error de Descartes (1994), por Antonio Damasio.
10El miedo a la libertad (1941), por Erich Fromm.
11«Cada vez nos convencemos más de la necesidad de que los verdaderos revolucionarios reconozcan en la Revolución un acto de amor» (Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, 1970).
Lecturas recomendadas:
The challenge to care in schools (1992), por Nel Noddings.
El proceso de convertirse en persona (1967), por Carl Rogers.
Love at Goon Park (2002), por Deborah Blum.
Our babies, ourselves, por Meredith Small.

EVALUACIÓN DE LA ASIGNATURA